Arturo Alape

Le debo haber conocido a Cuba en 1976, pues en 1975, cuando él fue jurado del Premio Casa de las Américas, me recomendó con Roberto Fernández Retamar.
Sus libros son muchos y muy importantes, de literatura, de testimonio, de historia. Y jamás podré olvidar su obsesión maestra por la revolución socialista, por una democracia que jamás hemos tenido en el país, sus ataques a la intolerancia, que siempre instrumentó con su recia ironía, con su humor negro, con la única arrogancia admisible: la de la voluntad popular.
Hoy en la dolorosa partida, tres de sus cuatro mujeres lo despidieron, como su hijo Manuel y su hija Paloma, con un llanto inconsolable: Olga Restrepo, Olga García y Katia, la joven que lo sobrellevó en su último exilio y en su larga agonía. Teresa, su primera esposa, se había despedido de él el viernes 6 de octubre, antes de viajar a Cuba.
El ritual fue secular, con un texto escrito para la ocasión por él mismo, con las palabras de sus amigos y con una tanda de boleros interpretados por la Sonora Matancera.
La muerte de Carlos, de Arturo, me ha impresionado, y me ha sobrecogido el terror de saber que los recuerdos que compartíamos, ahora se dividen irremediablemente. El río no puede devolverse, es lo que siento. Y me entra el pavor.
No lo pensé así en San José del Guaviare, cuando Benhur recibió, a la hora del desayuno, la noticia de parte de Sara. Sabía que tenía que morir porque su lucha había sido larga e intensa. Hoy se que es la historia de nuestro pasado, de lo que teníamos en común desde cuando jóvenes tratábamos de construir por el país, lo que se ha partido. ¿A quién recurriré para preguntarle por las cosas que ocurrieron a nuestro alrededor? La desventura del tiempo es el olvido, a ese que él quiso ponerle coordenadas en muchos de sus libros.
Y me engañó porque creí que volvía a salvarse de nuevo, como tantas veces antes, luego de sus transfusiones. Debía verlo la semana entrante; y ya con su muerte el olvido se encargará de nosotros. (Por eso lloro).
2 Comments:
Un especial saludo de un paisano que por la virtualidad de esta epoca me pude comunicar por este medio.
Las palabras dichas, bien dichas.
Partió el amigo
Hasta luego.
Isaías, leí todo tu blog, está muy interesante. Me conmovió especialmente este texto sobre Alape, es hermoso, me permite recordarlo. Afortundamente su literatura queda, no así su sonrisa.
Saludos,
CHRISNEL SANCHEZ A.
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