El libro de Isaías

viernes, noviembre 24, 2006

Saki, Chopin y otras sorpresas


Saki se llamaba Hector Hugh Munro, birmano, de padre inglés, nacido en 1870. Murió en 1916. Con su cuento “La ventana abierta”, comienza la selección que publicó la Alcaldía Mayor de Bogotá en la colección Libro al viento, que dirige Ana Roda. Su antólogo, el extraño, discreto y hermético escritor, Julio Paredes Castro, quizás pariente del, también, discreto y cordial, Jaime Paredes Pardo, payanés, escritor de viñetas inolvidables, alguna vez director de “Lecturas Dominicales” de El Tiempo, le colocó como título La ventana abierta y otros cuentos sorprendentes. Y es lo menos, y lo más, que se puede decir de estos seis cuentos, para no perdernos en las clasificaciones de los subgéneros: fantástico, de terror, de horror, de aventuras, de suspenso, que lo son también. En cualquiera de estos casos, el adjetivo de sorprendentes, que les dio Julio Paredes, es el justo.
Luego de Saki, viene Kate Chopin, de 1851, nacida en Saint Louis, con el cuento “Una mujer respetable”, de gran finura en la trama y hondura en la indagación de los personajes. Completan la selección, cuatro reconocidos escritores (Saki y Chopin lo fueron en su época): el maestro de la tensión y las narraciones tenues, Henry James, con “Los años de madurez”; Jack London, el inolvidable contador de aventuras marinas o de la selva, con “El pagano”; Mark Twain, siempre tan zorro, con “Una historia sin final”; y, cierra el libro, Ambrose Bierce, cargado de sordidez, con “La ventana tapiada”.
En estos sorprendentes y bellos cuentos, la conciencia de lo real suele reñir con las impresiones psicológicas, y se alternan en la búsqueda de la verdad, sin que se logre la claridad racional. En cada caso, el narrador, con el lector, se pierden en laberintos, a veces, apabullantes. Ser un humano equivale a ver cosas inexplicables a través de ventanas abiertas, o a vivir otras, no más explicables, con ventanas tapiadas.
De los seis cuentos, todos sirven para aprender algo del arte del narrar, pero, sobre todo, dos de ellos recomiendo para estudiar en ese sentido: “Los años de madurez”, de James, que plantea con dureza la pregunta de hasta cuándo puede esperar un escritor para producir la mejor de sus obras; y, “Una historia sin final”, de Twain, que propone, en el fondo, la posibilidad de romper la santa trilogía de inicio, desarrollo y conclusión de un cuento.

1 Comments:

At 7:33 p. m., Anonymous Anónimo said...

Hola Isaias: como estas?
hace algun tiempo tome un taller en la Universidad Central con ud.
En aquella ocasion leimos un cuento corto de terror que si mal no recuerdo se llama "La gallina Ciega" , pero no recuerdo el nombre del autor. He tratado de buscarlo y no lo encuentro. espero me pueda ayudar.

Un abrazo

 

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